Una minoritaria revista en internet causa furor con un extraño proyecto de biografías condensadas en seis vocablos


Madrid.- 

¿Qué es este libro? ¿Una simple colección, según dice el subtítulo, de autobiografías en seis palabras, como por ejemplo "Arreglo retretes, me pagan una mierda"? ¿Un texto que no se podría haber parido en un momento previo al siglo XXI?

Not quite what I was planning (No es exactamente lo que esperaba), el libro, es eso, pero no solo. Es, sobre todo, una adictiva colección de historias verídicas --en rigurosos seis vocablos, ni uno más ni uno menos-- que se ha convertido en un fenómeno editorial en Estados Unidos, hasta el punto de llevar a una publicación minoritaria a la cima de los libros más vendidos.

Todos tienen una historia

Empezó como un concurso. En noviembre del 2006, basándose en una leyenda atribuida a Ernest Hemingway --le retaron a que escribiera un relato en seis palabras y el Nobel compuso el algo ñoño "Rebaja: zapatos de bebé, nunca usados"--, la revista en internet SMITH, cuyo lema es "todo el mundo tiene una historia", propuso a sus lectores y colaboradores que condensaran su vida en seis vocablos. Los mejores textos aparecerían después en este libro de 225 páginas, publicado a principios de año, del que todo el mundo habla ahora.
"La gente suele pasarlo bastante mal cuando se enfrenta a una pantalla de ordenador o a una hoja en blanco", explica el impulsor del proyecto, el editor Larry Smith. "Pero la idea de las seis palabras, reducir toda tu vida a la esencia, no digo que no sea difícil, pero ya no da tanto miedo".

¿Miedo? ¿Quién dijo miedo? En pocas semanas, SMITH estaba recibiendo más de 500 biografías al día. Eso son seis palabras cada dos minutos. La web de la modesta revista estuvo al borde del colapso. Los participantes no solo enviaban sus memorias, sino que las trufaban con fotografías y dibujos propios. Así supo Smith que detrás de ese "Azotado con cáncer. Bendecido con amigos" no estaba, como había creído, "una abuela optimista", sino un niño de nueve años.

El resultado puede leerse como un solo relato en el que aparecen decenas de personajes --simples, complejos, acomplejados, conocidos, oscuros, frustrados, obsesionados, optimistas o fatalistas-- de forma fugaz y totalmente igualitaria. O, también, como una prueba de que cuanto más largas son las expectativas vitales de los humanos más corta es su capacidad de atención. Pero tal vez lo que más sorprenda es la trayectoria inversa, el carácter regresivo de toda esta historia: una revista electrónica lleva a cabo un experimento que sería casi impensable sin el ciberespacio, y solo logra el reconocimiento que tanto anhela cuando muda sus narraciones desde los modernos y cambiantes circuitos informáticos hasta el anticuado, inmutable, pero todavía prestigioso papel.

Las biografías parecen el sugerente arranque de una novela --"Ellos llamaron. Yo contesté. Número equivocado"-- o contienen en sí mismas la presentación, el nudo y el desenlace --"Mamá huyó. ¡Volvió! Huyó. ¡Reconciliación! Cáncer"--, pueden provenir de personas ignotas --ese dramático "Mi bebé se llamaba Sydney Jane", de una tal Margot Bertoni--, o famosas --el ingenioso "Sí, tú puedes editar esta biografía", del fundador de Wikipedia, Jimmy Wales--, pero sobre todo el libro planean dos asuntos. Los padres, protagonistas de memorias como "Mi madre muerta observa. Seré bueno", y Dios y la religión, que aparecen en grupos de seis palabras del tipo de "Dios, dame paciencia. Que sea ya". Parafraseando la Biblia, el volumen acaba con la frase que resume el extraño experimento y da título a este reportaje: "En la séptima palabra, él descansó". Amén.

Fuente: El Periódico

Juan Ruiz Sierra, 

23-03-2008


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