Un crimen sin cadáver y otras historias


Madrid.- 

El cine policiaco se ocupó de popularizar la idea aquella de «No hay cadáver, luego no hay crimen». Pero eso era antes. Los avances de la ciencia han permitido demostrar que se estaba en un error y que hoy, gracias a la entomología, puede dejarse constancia de que se ha cometido un asesinato aunque el muerto no aparezca por ninguna parte.

La Policía italiana, según se supo en un congreso reciente, recibió la llamada de un comunicante anónimo que informaba de que un hombre había sido asesinado por la mafia y que su cadáver se encontraba aún en el interior de un piso, después de varios días. Los agentes llegaron al lugar descrito por el confidente, pero no había muerto. El cadáver había desaparecido.

Conocedores del "chivatazo", los asesinos, o sus cómplices, se lo habían llevado a otro lugar, confiados en que, sin muerto, el caso se cerraría irremediablemente. Los forenses, sin embargo, se percataron de lo que sucedía y recogieron en el lugar de los hechos varias muestras, entre las que figuraban larvas de mosca. Analizaron el ADN de la comida que habían ingerido y en ella se encontraron con el ADN de la víctima. Ya había caso.

La entomología, según explica la profesora Marta Saloña, está ampliando su radio de acción y en un futuro próximo está llamada a ser una disciplina mucho más común y extendida de lo que es hoy. También da prueba de ello el caso de una asistenta social que dejó morir a un anciano en Alemania sin prestarle los cuidados que necesitaba.

La mujer declaró en el juicio que ella le había prestado una atención completa hasta el último momento. Un análisis forense permitió demostrar que mentía. El hombre había estado tan desasistido que la suciedad atrajo hasta sus genitales a insectos, que llegaron a desovar. Los huevos se convirtieron en larvas, que se lo comieron vivo.

«Es tremendo», comenta Marta Saloña. «En el proceso de la miasis, las larvas segregan una sustancia anestésica capaz de comerte sin que te enteres de lo que está ocurriendo». El informe forense demostró que la asistenta no le había cuidado como debía porque las larvas habían aparecido antes del último día en que la acusada aseguraba haber aseado al anciano.
La terapia larvaria está llamada, asimismo, a convertirse en una alternativa de futuro, frente al uso de los antibióticos. Saloña sostiene que el abuso de este tipo de medicamentos y la aparición de nuevas reacciones alérgicas y resistencias a fármacos podrá ser compensado mediante la utilización médica de larvas. El empleo de esta técnica se conoce en el siglo XIX y llegó hasta la I Guerra Mundial, cuando se usó en los hospitales de campaña para atender a los heridos que se encontraban en peores condiciones. El tratamiento, pensado para lesiones profundas, consiste en la aplicación en la herida de necrófagos que se comen el tejido muerto y, cuando se quedan sin alimento, se van.

Las investigaciones realizadas hasta el momento demuestran que la heridas se cierran antes, cicatrizan mejor y tienen menos posibilidades de infectarse. «Los resultados son buenísimos, aunque entiendo que no sea fácil convencer a un paciente de su aplicación», reconoce la experta.
El mecanismo de acción de las larvas es, sin embargo, similar al de las sanguijuelas, que han vuelto a los hospitales de Estados Unidos. Las autoridades sanitarias del país han permitido el uso de este tipo de gusanos para restaurar la circulación sanguínea y la práctica de injertos en la piel.

«La sanguijuela vive en los lugares más insalubres del mundo, lo que le permite sintetizar un anticoagulante mucho más eficaz y con menos reacciones adversas que los de laboratorio», concluye.

Fuente: VMT/Vocento

23-01-2006


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