Rusia acusa a cuatro diplomáticos británicos de espiar utilizando un falso pedrusco


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Moscú.- 

La última película de espías no se basa en las novelas de Ian Fleming ni tiene como protagonista a 007. Al contrario, procede de la más cruda realidad y aumenta la rica historia de espionaje que en el siglo pasado protagonizaron dos de los actores de la guerra fría: Rusia y Gran Bretaña. Las autoridades rusas afirmaron ayer que el Servicio Federal de Seguridad (FSB, ex KGB) ha destapado una trama de espionaje organizada desde la embajada británica.

Según el portavoz del FSB, Serguei Ignatchenko, los supuestos agentes utilizaron un aparato electrónico que muy bien podría haber ayudado a James Bond en sus aventuras. Una piedra falsa era, en este caso, el gadget que ayudaba a los supuestos agentes a recibir información clasificada de sus contactos rusos. En su interior se escondía un aparato electrónico que permitía grabar y copiar documentos desde agendas electrónicas u ordenadores de pequeño tamaño.

"Al principio pensamos que esto era un típico buzón secreto camuflado bajo una piedra", explicaba un funcionario del FSB en el programa del canal Rossiya que hizo público el acontecimiento el domingo por la noche. El programa recogía imágenes grabadas por el FSB con cámara oculta en un parque de las afueras de Moscú en otoño del año pasado. Se ve cómo varias personas se acercan a la piedra. Una de ellas, que en televisión se identifica como uno de los diplomáticos británicos, levanta la roca con cierta dificultad. El programa también describió el método de transmisión de documentos: el informador ruso, que ya ha sido detenido por la policía, se acerca a la piedra y a una distancia inferior a 20 metros manipula su agenda electrónica para descargar información. Días después un diplomático británico se acercaría a la piedra y por el mismo sistema copiaría los archivos.

En el programa también se asegura que el diplomático Marc Doe, primer secretario de la embajada, al parecer había aprobado pagos a diversas ONG que trabajan en Rusia. Y se le identifica como el responsable de toda la operación. También pueden estar implicados otros tres diplomáticos: Christopher Pirt, Paul Cronton y el investigador Andrew Fleming.

Desde Londres, el Foreign Office se mostraba "preocupado y sorprendido por estas acusaciones". En un comunicado oficial, el Gobierno británico rechazaba "cualquier acusación de conducta impropia en nuestro trabajo con las ONG rusas". "Toda nuestra ayuda se ofrece de forma abierta y desea apoyar el desarrollo de una sociedad civil sana en Rusia".

Poco después, el FSB respaldaba el reportaje del canal Rossiya. "Lo más importante es que les hemos cogido con las manos en la masa mientras mantenían contacto con uno de sus agentes y hemos demostrado que financiaban algunas organizaciones no gubernamentales", aseguró ayer Ignatchenko. Pero el portavoz no explicó la relación entre la piedra, los británicos y las ONG. "El objetivo de esta financiación debe ser cuidadosamente descubierto", dijo enigmáticamente. La referencia a las ONG, sin embargo, no es sorprendente aunque parezca fuera de lugar. Desde hace meses el Gobierno ruso viene acusando a los países occidentales de financiar y utilizar este tipo de organizaciones para obtener información o influir en la política interna. El jefe del FSB, Nikolai Patrushev, acusó el año pasado a las ONG de conspirar para organizar una revolución similar a las de Georgia en el 2003 y Ucrania en el 2004 en la vecina Bielorrusia. Recientemente la Duma (Cámara Baja del Parlamento ruso) ha aprobado una ley que obliga a registrarse de nuevo a todas estas organizaciones, lo que aumentará el control sobre ellas.

Al contrario de lo que ocurre en la ficción, hay muchas cosas que no se saben de la piedra y los supuestos espías británicos. Las autoridades rusas no han explicado qué tipo de documentos secretos pueden haber robado. Ni tampoco se ha dicho cuáles serían sus objetivos y quién los ayudo. Ni siquiera si serán expulsados del país ("eso es una decisión política", dijo Ignatchenko). Pero claro, es que la película todavía no ha terminado.

Fuente: La Vanguardia

Gonzalo Aragonés, 

24-01-2006


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